El brote de sarna detectado esta semana en la residencia de mayores Clece Vitam Bastiagueiro ha encendido las alarmas de un posible repunte de la enfermedad en A Coruña. La pandemia provocó que los casos se disparasen y, aunque parezca que desde entonces ha permanecido estable, el dermatólogo del Chuac Eduardo Fonseca –recientemente jubilado– alerta de que nunca han dejado de crecer.
La sarna es una infestación parasitaria causada por ácaros diminutos que se meten en la piel, donde ponen huevos, lo que acaba causando un picor intenso y sarpullidos. Según la OMS, también puede provocar úlceras y complicaciones graves como la septicemia (una infección de la sangre), y puede afectar al corazón y a los riñones.
“Mucha gente se sorprende de que todavía exista sarna. Siempre ha existido y siempre ha habido casos, pero ahora hay más”, explica Fonseca.
Con la pandemia, el contacto estrecho de la convivencia y las dificultades de acceso al sistema sanitario provocaron una explosión de contagios. “Incluso se fraguó la etiqueta de que había una epidemia dentro de una epidemia. Realmente ha habido un montón de casos y esto se ha venido manteniendo desde entonces. No hay datos oficiales, pero hay un aumento continuado”, asegura el dermatólogo.
Este incremento de contagios se ha visto favorecido por problema preocupante: la inmunidad frente a los tratamientos habituales. “En la pandemia empezamos a observar que los pacientes no respondían a los tratamientos que se venían usando, cosa que no había pasado hasta ese momento”, alertó Fonseca. Este panorama obligó a los dermatólogos a recurrir a medicamentos que “no se usaban desde los años 70 del siglo pasado”.
En este escenario, los brotes son cíclicos, especialmente en lugares como residencias o hospitales. “Esto ha pasado siempre. Se repiten periódicamente los brotes en instituciones cerradas donde a veces un paciente tiene una enorme infestación, con millones de parásitos. Estos pacientes que están súper infectados generalmente reciben tratamientos inmunosupresores o son muy ancianos y, cuando hay estas parasitaciones tan grandes no tienen picor. Con lo cual, en el diagnóstico muchas veces no se sospecha de primeras, sino que se piensa que es otra enfermedad y muchas veces se diagnostica porque empieza a haber casos alrededor”, explica el exjefe del servicio de dermatología del Chuac.
Fonseca hace hincapié en la importancia de evitar las reinfecciones. “La sarna es un problema de salud pública y deben tratarse todos los contactos. Eso muchas veces no se hace”, alerta.
Claves |
¿Cuáles son los síntomas de esta enfermedad? “La mayor parte de las personas tienen un picor generalizado, que se suele incrementar por las noches. También suelen tener lesiones cutáneas, pero para un profano distinguirlas es complicado. Son muy mínimas y hay que saber buscarlas. Tenemos que ver al paciente para diagnosticarlo. Se puede hacer una toma de escamas para ver el parásito o una biopsia, pero casi nunca es necesario”. |
¿Cuáles son las vías de contagio más comunes? “No hay más que una: el contacto con personas que tengan sarna, directamente o por el contacto, por ejemplo, con prendas de vestir. Hace falta un contacto bastante directo. Hay muchos mitos como pensar que se contagia de los perros, gatos u otro tipo de animales. Pero cada animal tiene su propia sarna y son ácaros distintos. La sarna humana solo se adquiere con el contagio entre humanos”. |
¿Qué hay que hacer para evitar las reinfecciones? “Hay que tratar a todos los convivientes o personas con las que hay una relación íntima. Las personas que mantienen contacto íntimo estrecho con muchas personas tienen más riesgo, lógicamente. |