Las altas temperaturas que dieron la bienvenida a la primavera en A Coruña han sido para sus habitantes tan placenteras como veloces. Y es que, ya acostumbrados a pasar las horas más cálidas del día en las calles o, incluso, en las playas de la ciudad, los coruñeses pasaron en pocas horas de la calma a la tormenta. Esta, azotó fuertemente en la ciudad y devolvió a los herculinos a sus casas en lo que fueron los efectos más adversos de la primera gran borrasca primaveral: ‘Nuria’.
Esta borrasca, situada desde hace días en Canarias, trajo de nuevo a al ciudad aire frío en capas altas, lo que se tradujo en inestabilidad atmosférica. Aunque un poco más tarde de lo que había decretado la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), los rayos, la lluvia y las fuertes rachas de viento aparecieron en la ciudad dejando episodios breves, pero demasiado intensos.
Así, las mil aguas que suele traer abril consigo no decidieron esperar ni tres días y, tan solo en media hora –de 20.00 a 20.30 horas–, el observatorio de Aemet acumuló 15,8 litros por metro cuadrado. Además, como no podía ser de otra forma, siempre que una borrasca decide pasarse por la urbe lo suele hacer acompañada de fuertes rachas de viento.
Aunque no fue el principal protagonista de la jornada. Y es que, algo que no puede faltar en una tormenta son los rayos. De hecho, antes de que esta aterrizara sobre A Coruña, ya lo hizo sobre su comarca, y otras zonas de la provincia. Así, en menos de una hora se registraron un total de 192 rayos en la comunidad gallega. Uno de ellos cayó en Monte Alto, aunque la gran mayoría descargaron en el mar. No obstante, sí hubo afecciones al suministro eléctrico: algunos puntos de Os Castros estuvieron sin luz durante dos horas y media.
Aunque la trama principal de la película tormentosa fueron los rayos, las grandes acumulaciones de agua que se registraron tras el paso de la borrasca dieron lugar a varias inundaciones en inmuebles y edificios de diferentes partes de la ciudad coruñesa.
En apenas veinte minutos, las grandes balsas que se formaron en las principales calles y carreteras de la ciudad dificultaron por momentos el tráfico de vehículos y peatones de forma fluida. Algunos vecinos de Juan Flórez no pudieron siquiera entrar en sus casas, y los viandantes de Alfredo Vicenti vieron como el agua llegaba a la altura de las ruedas de los coches, además de unas calles en un estado cuanto menos transitable. A los que más les pilló por sorpresa seguro se les pasó por la cabeza si era su ciudad, o una situada al noreste de el país italiano.