Una sociedad atemorizada es muy manejable y, por lo tanto, muy manipulable. Supero ya los sesenta años y jamás, nunca en mi vida he visto cosa igual. Los cambios geopolíticos que se están produciendo han cogido a Europa con el pie cambiado. Esa globalización que nos vendieron como un maná se ha revelado como una gran mentira y la super estructura que hemos montado entorno a la unión europea se ve en el espejo como el boxeador noqueado que no es capaz de salir del cuadrilátero. Europa se ha dado cuenta, ahora, que dejar nuestra seguridad en manos de otras potencias ha sido un gran error, que EEUU asuma el setenta por ciento del coste de la OTAN era un chollo y, disfrutando de esa situación, Europa ha estado mirando para otro lado muchos años, demasiados. Así las cosas, las lumbreras europeas, bien pagadas y cargadas de privilegios, se enteran hoy de que hay que pagarse su propia seguridad, lo cual obliga a hacer esfuerzos que, hasta ahora, asumía el ‘primo de Zumosol’, es decir, los Estados Unidos. Los gobiernos progresistas europeos tienen que destinar fondos para mantener nuestra defensa en caso de ataque exterior, hasta un dos por ciento ya y seguramente hasta un tres dentro de nada, sobre el PIB de cada país. Como no pueden dar la espalda a ese compromiso, toca meter miedo a la ciudadanía para que asuma la necesidad de los esfuerzos a realizar. Entonces los y las pensadoras europeas tienen una ocurrencia: hay que forzar a los ciudadanos a hacerse con un ‘kit de emergencia’ que nos garantice durante tres días nuestra supervivencia en nuestros hogares. ¡Tres días! Supongo que entienden que una guerra durará tres días lo cual, a la vista de los hechos, no parece un pronóstico muy acertado. Con guerra y sin guerra supongo que han conseguido asustar a una parte de la población que irá a los comercios a comprar papel higiénico y unas botellas de agua. Si a esto le añades que otro lumbreras, máximo responsable de la OTAN, el tal Mark Rutte, pone como ejemplo el tiempo que tardaría en llegar una bomba desde Varsovia a Madrid, este individuo tiene acreditada su tirria por nuestro país, pero aquí se ha pasado cuatro pueblos, en todo caso, redunda en el temor que están generando a los ciudadanos para, si cabe, amedrentarlos más y hacerlos todavía más manipulables. No son los pueblos los que están promoviendo guerras, son los políticos. Como dijo Erich Hartman (1922-1993), “la guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen ni se odian se matan entre sí, por la decisión de viejos que se conocen y se odian, pero no se matan”. Es brillante, pero, además, es verdad. Los líos que estamos viviendo y que nos afectan, queramos o no, son provocados por descerebrados a los que sus pueblos les importan un bledo. Ahora Europa echa de menos a una América que era nuestro guarda espaldas, pero la vieja Europa olvida que en EEUU gobierna un tal Trump, el americano más insultado y despreciado por Europa en los últimos 10 años, un error de la diplomacia europea que pagaremos más caro aún de lo que ya estamos haciendo. Empezó Zapatero, aquel desastroso presidente que sufrimos, al despreciar la bandera americana y Sánchez tomó su relevo erigiéndose en el líder del ‘anti-trupmismo’ a nivel planetario. Imagino que Trump estará pensando…”si me necesitas, ¡no me insultes! El presidente Trump te puede caer mejor o peor, pero es, ni más ni menos, que el presidente de los EEUU, jugar a despreciarlo es un juego temerario y que tiene consecuencias. El gobierno de Sánchez está partido por la mitad, no tiene mayoría de voto popular, no tiene mayoría parlamentaria y, lo que es peor, no tiene la dignidad de llamarnos a urnas para ordenar las cosas con la voluntad del pueblo.