Estos últimos días no he dejado de pensar en aquella frase dicha por Felipe González comparando a los expresidentes de gobierno con jarrones chinos que nadie sabe dónde colocar. En esta ocasión la frase es aplicable nada menos que al ex Jefe del Estado y hoy rey emérito. Don Juan Carlos se ha convertido en un jarrón chino de la dinastía Borbón.
Y es que, en mi opinión, no se ha acertado con la puesta en escena del regreso del emérito. Regresar para ir a una regata, posponer el encuentro entre padre e hijo, y volver a marcharse por la puerta de atrás, no parece muy acertado.
Hay quienes le tienen un afecto sincero, quienes solo sienten indiferencia hacia él, quienes le aborrecen y a quienes les da lo mismo pero tampoco saben muy bien en qué lugar habría que colocarle. Y esa es la cuestión: qué hacer con el emérito. Bien es cierto que, después de los escándalos protagonizados se había convertido en una figura controvertida pero el exilio no ha sido la mejor opción.
Otra cosa es que, puesto que Felipe VI es ya el Rey, la presencia de su padre pudiera resultar incómoda habida cuenta de los escándalos que rodean su figura. Pero quizá se habría podido resolver el problemón exigiendo al emérito que tuviera a bien mantener una vida discreta, lejos de los focos, a la espera de que se fueran despejando las causas judiciales en las que estaba inmerso y una vez que esto sucediera, continuar instalado en la discreción absoluta.
En otras monarquías los reyes salientes optan por el retiro sin alharacas dejando vía libre a los hijos que les suceden. Y eso es lo que se debería haber programado. Claro que, en otras monarquías, los ex reyes tienen una residencia donde ir. No olvidemos que a las monarquías reinantes en Europa, y no digamos en otros lugares, dinero y bienes inmuebles no les faltan. En el caso de la Monarquía española carecen de inmuebles propios; por tanto es un problema dónde puede o podría alojarse el emérito.
No sé si en algún momento el rey Felipe y sus consejeros han llegado a creer que tener a don Juan Carlos lejos iba a calmar a quienes persiguen acabar con la Monarquía por una sola razón: es uno de los soportes de nuestro sistema constitucional.
Porque ese es el quid de la cuestión, no solo que el emérito merece el reproche de la ciudadanía a la que ha defraudado, sino que ha contribuido a que los enemigos de nuestro sistema político encuentren argumentos para zarandear aún más nuestro entramado constitucional.