Cuarenta y ocho horas. Veinte propuestas. Está claro que a los coruñeses les importa el futuro de su fachada marítima. Y que, si les dan la oportunidad, aportan. Como mínimo, ofrecerán una visión que muchas veces a los técnicos y a los políticos se les escapa: la de los que a la hora de la verdad van a disfrutar (o sufrir) la zona. Que es una perspectiva que nunca debería obviarse.