La lucha de los egos en el hotel de los líos

Leo con pena que Cristobal Tapia, el compositor de la banda sonora excepcional de la serie ‘The White Lotus’, se ha enfadado con el director Mike White y no va a estar en la cuarta temporada. Ah, los creadores, siempre de mal humor, siempre con su ego por bandera. El ego. Sin el ego los humanos no escribiríamos, ni compondríamos (salvo Bach), ni pintaríamos. En suma, el pinta y colorea que tan felices nos hace dejaría a deber si no fuera por ese instinto salvaje de tigre enfurecido que nos obliga a inventar cosas y a enseñarlas a los demás. 


Esa maravillosa serie, ‘The White Lotus’, es buena en parte gracias a la música característica de Cristobal Tapia. Por lo visto tanto compositor como director han pasado las tres temporadas tirándose de los pelos como dos marujas en rebajas hasta que el músico decidió marcharse a la francesa, contándoselo a todo el mundo menos a Mike solo para fastidiar. Ah, el ego. Al fin Mike se enteró. Lucha en el barro. Y los que salimos perdiendo somos nosotros, los fans de esa serie que narra las peripecias de una cadena de hoteles de lujo, su staff y sus clientes en lugares paradisíacos. Por supuesto, siempre hay muertes: parte de la gracia de la trama es adivinar quién va a salir en una bolsa de cadáveres. En la madrugada del domingo al lunes se emitirá el último capítulo de la tercera temporada, la más vista de las tres y la más controvertida: algunos la consideran aburrida a más no poder, otros la vemos como un milagro televisivo en el que todos los personajes, con actuaciones minimalistas y asombrosas, van poco a poco navegando hacia un destino final incierto producto de sus acciones pasadas o presentes. Gracias a ‘The White Lotus’ hemos descubierto que Arnold Schwarzenegger tiene un hijo, Patrick, que actúa como los ángeles, que los ricos también lloran, que hay luchas de ego entre compositores y directores y que aún hay esperanza en los productos televisivos. Series de una calidad tan enorme que eclipsan a muchas películas en cartelera. Mientras esperamos a que vuelva el cine de verdad huyendo de niños gritones, nachos y perros calientes y abandonamos la tele –salvo la novela y el fútbol–, tenemos una edad de oro de las series en las plataformas que a una coja como yo le ha venido de perlas durante los días de pie en alto y muletas. Pongamos una velita para que Cristobal y Mike se reconcilien. No es mucho pedir y hará mucho bien a la comunidad televisionaria.

La lucha de los egos en el hotel de los líos

Te puede interesar