Como un niño con zapatos nuevos. Zapatos no, pero esquema, once inicial y demás, sí. El Cerceda estrenó ideas en Meicende y pasó, felizmente, por encima de un Silva incapaz. El marcador final (0-4) reflejó una realidad: la superioridad futbolística de un equipo sobre el otro.
Mientras el Silva conservó, básicamente, lo planteado en las seis primeras jornadas (solo llamó la atención la suplencia, por primera vez, de Gabi); el Cerceda sorprendió y mucho.
Lemos diseñó un dibujo táctico con tres defensas (Noé, Pablo Rubio y Angeriz), dos mediocentros (Agulló y Granada), dos jugadores por fuera (Martín y Cano), un enganche (Herbert) y dos puntas (Dani y Uxío). Y novedad en la portería: Marcos Valín. Entre el sorprendente esquema, el dominio y la buena actitud de los futbolistas, el Cerceda desmontó una y otra vez la fase defensiva del Silva provocando desajustes enigmáticos.
La primera laguna del Silva, en el minuto 4, con una caída de Uxío a la banda izquierda, volcando a los defensas locales hacia ese costado. Totalmente solo entrando por la derecha, Martín remató al primer toque para, con la colaboración de Yáñez, hacer el 0-1. Demasiado fácil.
El Silva rozó el gol en dos ocasiones en el primer tiempo. Movilla encontró la única debilidad de Pablo Rubio ayer -en todo lo demás estuvo impecable-, utilizó el cuerpo para hacerse un hueco en el área y conectó un volea que salió por encima del larguero. La otra acción fue una reclamación de ‘gol fantasma’. El balón dio en el larguero y botó cerca de la línea de gol. Hasta ahí.
Uxío, asistente en el primer gol, falló lo inimaginable tras centro de Cano. La jugada fue prácticamente calcada a la del 0-1 de Martín. El Silva desprotegió el segundo palo pero, en esta ocasión, el balón no acabó besando la red. El equipo de Bardanca tenía un problema en la zona de Chiki y se manifestó otra vez en el minuto 30. Pase en profundidad de Cano a la espalda del lateral izquierdo local y, ante la salida en falso de David Yáñez, Martín lo tuvo muy fácil. Hizo el 0-2 prácticamente andando.
Sin saber como contrarrestar la ocupación de espacios del Cerceda durante el primer tiempo, el Silva no modificó su estructura, pero sí hizo un cambio en el descanso. Bardanca dejó en el vestuario a Cardelle, dio entrada a Gabi y pasó a lateral derecho a Carlos Rey. La potencia del recién incorporado junto a la habilidad sin mucho éxito del joven Matías fueron las armas del Silva en ataque.
Nada más empezar el segundo tiempo, revés para el Cerceda: lesión, probablemente rotura de fibras, de Agulló. Lemos recompuso su equipo con la entrada de Caridad y más sorpresas para el espectador. Línea de cuatro defensas –Noé, Caridad, Rubio, Angeriz– y doble pivote formado por Granada y... ¡Herbert! Martín y Cano continuaron en las alas, Dani y Uxío permanecieron como delanteros.
El que perdona suele pagar. El Cerceda perdonó. Primero fue Uxío el que, después de correr desde la línea de mediocampo buscando el uno contra uno con Yáñez, volvió a fallar. Trató de definir con un golpeo picado y el balón salió cerca del palo, pero fuera. Dos minutos después, internada de Cano por la izquierda y parada del portero local, que en la siguiente jugada cometió un penalti –no señalado– sobre Uxío.
Las llegadas del Silva, solo a cuentagotas y tras conducciones de Gabi y Matías o disparos lejanos de Marcos. El Cerceda tenía pendiente la sentencia y cumplió a falta de diez para el final. Penalti de Rebollo sobre Uxío y el exdelantero del Arteixo, que ayer llevó el ‘3’ a la espalda, marcó con un tiro raso a la derecha de David Yáñez. A la tercera fue la vencida.
Para redondear la victoria, José Luis Lemos hizo debutar a dos juveniles. Abel fue el primer en saltar al campo y Bilal, que jugó cinco minutos, exprimió su tiempo al máximo: anotó el 0-4 definiendo con tranquilidad al aprovecharse de un nuevo desajuste defensivo de un Silva que vivió su tarde más negra en el campo de Meicende.