Los peques también pueden

Los peques también pueden
los jugadores del fabril celebran el primer gol de ayer ante la decepción del visitante boris patricia g. fraga

Siguiendo la doctrina del primer equipo, el Fabril se apoderó del protagonismo futbolístico de la ciudad para entonar un ‘sí se puede’ bien fuerte, un contundente ‘pódese carallo’ o, para que lo entienda el rival de ayer, un ‘sí pot ser’. Los peques también pueden. Lo demostraron ante un Cornellá poderoso físicamente que asustó en los primeros minutos y se diluyó con el paso del tiempo. Luis, con protagonismo en los tres goles del filial, lideró una victoria que sirve para encarrilar la primera de las eliminatorias por el ascenso a Segunda B.
El Cornellá salió con fuerza y sin control. Dejó claro desde el primer minuto que es un equipo agresivo y que sus futbolistas van al límite en los balones divididos. Su valentía, apoyándose en la permisividad del árbitro, amedrentó al Fabril en los primeros compases. Esa era la sensación. El equipo de Devesa no se encontraba cómodo al comprobar como sus ataques duraban menos de lo previsto: por las faltas del rival y por el desaliño en el centro del campo. Teles, el teórico mediocentro creativo, pasó más tiempo tumbado sobre el césped que de pie. El poderío físico catalán atrincheró al Fabril en su parcela tanto en ataque como en defensa. Sus tres futbolistas más incisivos (Lemos, Víctor y Luis) entraron poco en juego en sus hábitats habituales evidenciando una ausencia de profundidad preocupante.
Una genialidad de Luis en el ocaso del primer periodo le sirvió al Fabril para descansar con ventaja. Cazó en el segundo palo (borde de área) el balón rechazado tras un córner y completó una deliciosa conducción con un disparo sutil, con el interior de la derecha. Imparable. El cuero entró pegado al palo del marco de un Bermúdez indefenso. Efectividad máxima: un tiro, un gol.
Más que refresco, el Cornellá se tomó en el descanso un somnífero y ya no despertóo. El Fabril fue, por fin, Fabril y destapó del tarro de las esencias. Los errores en la salida de balón que dejó entrever el equipo catalán en el primer periodo se acentuaron. Lentitud y riesgo por igual otorgando facilidades a un equipo hambriento y a un delantero (Luis) con sed de gol.
Tan fácil lo vio el ‘9’ del Fabril en el siete de la segunda mitad que falló el mano a mano con Bermúdez. Su lista de recursos para finalizar las jugadas es variada. Quizá sin tanto repertorio se lo hubiese pensado menos. La única realidad es que el balón cayó rechazado en el área pequeña, donde apareció Romay como un tiro para dar sentido al alzamiento de más de mil almas en la grada de El Mundo del Fútbol. El de Malpica hizo lo que tenía que hacer: empujar. 2-0.
Viento en popa. ¿Qué más pedir? Dos disparos entre los tres palos, dos goles. Un mazazo para un Cornellá incrédulo con el marcador. El equipo catalán se diluyó como un azucarillo en una taza de café a la que el Fabril dio vueltas hasta encontrarlo a su gusto: el punto exacto de temperatura y el sabor deseado.
En cambio, en uno de los primeros sorbos se quemó. Un despiste. El lateral izquierdo Isra sacó una falta lateral que Enric, máximo goleador del Cornellà, cabeceó al fondo de las mallas con la ayuda de Marc: error grave del portero del Fabril. Con paciencia (Adrián sustituyó a Teles en el medio) y agudeza, el Fabril volvió a encarrilar la eliminatoria y hasta pudo sentenciarla.
Un nueva distracción de la línea defensiva catalana le dejó el 3-1 en bandeja a Luis, que definió con una vaselina marca de la casa. El propio Luis tuvo otra para sentenciar, pero un calambre se lo impidió. Ahí quedó la exhibición de unos peques que también dicen: sí se puede. n

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