Las enfermedades cardiovasculares son un elefante en la habitación. El riesgo de sufrirlas está ahí, pero la mayoría de las veces se ignora hasta que llega algún susto. “Como no duele”, el colesterol, la hipertensión o la diabetes son a menudo infravaloradas pero con ellas se juegan todas las papeletas para sufrir un infarto. Aunque hay factores que no se pueden modificar, existen acciones que uno puede hacer en su día a día para minimizar el riesgo de padecer una patología de este tipo. El cardiólogo del hospital Álvaro Cunqueiro Sergio Raposeiras recordó ayer en A Coruña la importancia de la prevención con una ponencia en la Real Academia de Medicina de Galicia.
El propio título de la conferencia lo pregunta: ¿qué podemos hacer para prevenir una enfermedad cardiovascular?
Hay una serie de cosas que nosotros podemos modificar y otras que no. Si tú tienes antecedentes familiares, eso no lo podemos cambiar. O la propia edad. Pero hay una parte que sí. Hacer ejercicio te va a ayudar a reducir el riesgo. También controlar la comida, la tensión, el colesterol y el azúcar. Nunca va a haber riesgo cero, pero es como si tú tienes un coche y no le pasas la ITV, la posibilidad de un accidente es alta. Nosotros dentro del infarto también podríamos ayudar a prevenirlo si logramos corregir alguna serie de factores.
Parece que no se le hace caso hasta que pasa algo.
Lo que pasa es que actualmente se tratan muy bien. Tú ahora tienes un infarto y nosotros a los dos días te damos el alta. En la mayoría de los infartos, el paciente se marcha bien para casa. Y puede parecer que no es tan grave. Y, sin embargo, mueren más pacientes de enfermedades cardiovasculares que de cáncer. Pero el cáncer tú lo tienes atribuido a que es malísimo y una enfermedad cardiovascular no. Hay que hacer mucha prevención porque muchos pacientes mueren incluso antes de llegar al hospital.
El cáncer lo tienes atribuido a que es malísimo y una enfermedad cardiovascular no, pero muchos pacientes mueren incluso antes de llegar al hospital
Hacer ejercicio es importante pero, ¿cuánto es necesario realmente para reducir el riesgo?
Ideal sería caminar 30 minutos cinco días a la semana a un ritmo que te cueste ya mantener una conversación. Tampoco hay que obsesionarse, pero hacer algo siempre es bueno.
¿Existen mitos relacionados con el cuidado que hay que eliminar?
Hay algunos como que el vino blanco es mejor que el vino tinto. Con el tema del colesterol, hay mucha gente que es reacia y hay el mito de que es mejor no tomar la pastilla porque da demencia. Eso es mentira. También se vende mucho eso que hay que tomar productos naturales, de los herbolarios… Hay alguna gente que aún sigue con esas cosas.
¿Cómo se debería cuidar la alimentación?
Con dietas que no abusen de las grasas ni de la sal y sin muchos fritos. Si puede ser a la plancha o cocido, mejor. No abusar de la carne roja ni productos lácteos enteros ni tomar muchos huevos. Yo creo que es más intentar que sea una dieta equilibrada.
Con el tema del colesterol, hay el mito de que es mejor no tomar la pastilla porque da demencia. Eso es mentira
¿Qué impacto tiene el estrés?
Muchísimo. Cada vez más. Vivimos en una sociedad donde todos vamos rapidísimo y, a veces no nos damos cuenta, pero a todo el mundo le va afectando.
¿Hay que preocuparse por la presión arterial desde jóvenes ya?
Debemos preocuparnos de todo. Porque antes tampoco le dábamos tanta importancia. Era como ‘tienes 30 años y tienes el colesterol altísimo, pero bueno eres joven y no te pasa nada’. Hoy ya sabemos que eso no es así. Lo mismo para la tensión y para el azúcar. Importan los años que tú estás expuesto. Cuantos más años, mayor es el riesgo.
¿Cada vez hay más infartos en jóvenes? ¿Es algo que preocupa?
Sí. Se está viendo. Ahí juega un papel importante tener factores hereditarios, pero también hay un porcentaje alto de pacientes que tiene una relación con consumo de drogas.
¿Hace falta más concienciación?
Yo cada vez veo a más gente que se cuida. Veo mucha gente que va a hacer deporte, al gimnasio… Esto hace unos años no era tan frecuente y es una buena señal. Pero es importante seguir insistiendo en la prevención, incluso desde los colegios. Si un niño tiene unos hábitos malos, más adelante puede tener obesidad o tensión alta. Todo eso, cuanto antes lo puedas corregir, mejor.