Casi medio centenar de empresarios de la hostelería, en representación de más de cien locales, acudieron a la reunión nacida de la indignación por los últimos cierres en el sector. Tal y como adelantó El Ideal Gallego, el bar Alfaiate de la calle San José sirvió como encuentro para lo que empieza a convertirse en un movimiento que une a los bares tradicionales y el ocio nocturno y que tiene como germen el sentimiento de "agravio" tras el cierre de La Barbería (Orzán) y La Intrusa (Torreiro), ambos por superar la normativa de ruidos, así como la multa a Le Tavernier (La Marina), también tras una medición realizada por la Policía Local en la que el local superaba el umbral de decibelios.
"Hemos decidido reaccionar tras los recientes episodios de sanciones y cierres de locales, temporales o definitivos", comienza el comunicado nacido horas después de una larga reunión. "La falta de sintonía entre el derecho al descanso de los vecinos, que llevamos tiempo intentando inculcar en nuestra clientela, y el derecho al ocio de toda la población, acaba desembocando en situaciones no del todo satisfactorias para los primeros y muy daniñas para la industria, con el menoscabo que supone para la cultura y tradiciones que le dan ese sabor a la ciudad y el 'Vivir na Coruña que bonito é'", añade el manifiesto, que ya se refiere a los asistentes, todos ellos comprometidos con la causa, como una "asociación".
Ganar visibilidad y realizar preguntas en el Pleno municipal, mantener reuniones con organismos o personas claves en el equilibrio, como la Policía Local, Urbanismo o los propios vecinos, así como impulsar una normativa actualizada y acorde con la dinámica de trabajo de un pub o un local de noche son los tres pilares básicos, y las tres grandes prioridades, que se marca el grupo del Alfaiate. O, como algunos han dado en llamar, los 'Intrusos'. "Hemos decidido iniciar una fase de negociaciones con asoaciaciones de vecinos, con la mediación del Ayuntamiento, para llegar a un consenso acerca de todas las normativas a cumplir, a todas luces obsoletas y, en muchos casos, tan complejas de aplicar que resultan imposibles", subrayan los hosteleros. "Además, las zonas ZAS (acústicamente saturadas) no estén ni mucho menos actualizadas desde 2017, y las costumbres y distribución de los espacios de ocio han cambiado mucho desde la pandemia", prosigue.
Acto seguido, y en cuanto exista esa normativa "clara y que garantice el derecho al descanso y al ocio", se iniciaría la "fase de solución", con la adaptación de las infraestructuras y procedimientos en cada local. "Es fundamental la colaboración con los vecinos y autoridades para delimitar las responsabilidades en cuanto a zonas y horarios, centrarnos en qué es lo que realmente molesta y entre todos llegar a una solución", pronostica. Finalmente, el comunicado concluye que la ola de cierres y sanciones "sólo ocasiona la pérdida de identidad cultural y el daño a la industria del ocio y el turismo, además de que no debe olvidarse que los empresarios y hosteleros también son vecinos".